Ámsterdam on acid

Pues Ámsterdam, saliendo del clima siempre lluvioso de Edimburgo, un viaje a la ciudad de Holanda, que al final resultó, dicen las fuentes y las personas, tiene el mismo clima y hasta más precipitación que la “Atenas del norte”, sin embargo, parece que la lluvia se precipita en ráfagas más intensas, lo que hace que la misma cantidad de agua caiga en menos tiempo, y por consiguiente haya más días soleados, y días soleados es lo que queremos!

Tres días en el lugar, bastante para caminar por todo el centro dulce, perdernos, entrar en el coffee shop y salir todavía más propensos a perdernos, y así fué. Pasar por el mismo lugar tres veces, pero así perdiéndose es como uno conoce los lugares. Aunque la novia luego se pone ruda porque no le parece eso de perderse, además de que no cree que no estoy perdido, y sólo exploro el lugar. Al final del primer día no tenemos idea de cómo llegar al camping, y andamos como catetos preguntando a los taxistas, empleados de librerias y personas en las paradas de autobuses; el camping del bosque de Ámsterdam está lejos del centro, a media hora de viaje en tren más otra media hora, mínimo, de caminata, por los suburbios europeos con holandeses raros, que halan todos holandés… extraño.

Finalmente llegamos al camping, después de explorar la ciudad todo el día, comer en el buffet de comida natural, y darnos cuenta de que el pase que compramos en el aeropuerto para “todo el tranporte público” no sirve para todo el trasporte público, sólo para los metros y el tram; este hecho casi nos hace llorar y colapsar, cuando nos dimos cuenta de que tendríamos que pagar millones y millones de euros cada día de la estancia para llegar al campamento. Afortundamdamente encontramos  la manera de trazar una ruta con metro y caminata hasta ahí, que al final fue muy gustosa.

Al día siguiente, después de dormir los dos en una cama mini individual, pagamos 1 euro por 6 minutos de agua caliente – que no me fueron suficientes obviamente –  le dimos una calada al producto del coffee shop que llevé a casa y emprendimos el viaje al centro de la ciudad otra vez, explorando, perdiéndonos y demás. Esta vez logramos llegar al Rijksmuseum y contemplar un mucho de arte holandés muy interesante, incluyendo algunos Rembrandts y otros Vermeers, escuchando holandés y tratando de conseguir trabajo en la compañía de audioguías, dejando CVs y todo; que el plan es ir a vivir ahí para hacer una vida cotidiana.

Olvidé mencionar los millones y millones de bicicletas de la ciudad, millones y millones, gente con perrillos en la canasta, con gente en la canasta, niños, comida y demás, es hasta peligroso caminar por ahí bien campante recordando las ciclovias de mi ciudad natal, en donde por defecto no esperas bicicletas justo cuando entras a ella; en cambio en esta ciudad de bicicleteros estuve al borde de la muerte unas dos que tres veces.

Después una pausa afuera del Van Gogh museum, al que no entramos por ser pobres y estar cortos de fondos, pero del cual apreciamos su jardín y aproyechamos para comer sandwiches improvisados con brie, queso y cherry tomatoes, es decir, bien económicos.

Ahora, la parte interesante del viaje fue acompañar a Liucija a entrevistarse con una empresa alemana de diseño de productos, entrevista de la cual ella obtuvo un puesto para una estancia de trabajo; muy exitosa la mujercita esta, tanto que hasta el alemán loco proporciona departamento gratis en el centro de la ciudad y un sueldo modesto. Departamento, por cierto, al que me voy a ir a incrustar con ella mientras  me busco la vida por aquellos rumbos bien medievales. Entonces, después de asistir a la entrevista, bueno yo de esperar como vegetal afuera en una plaza muy bonita, nos ponemos a tomar fotos,

visitamos el mentado museo del sexo (no muy intersante pero bueno para sugerir cosas al oido de tu mujer) para luego tomar un ferry hacia la parte norte de la ciudad y visitar un café interesante en una especie de zona industrial abandonada, el Noorden Lichten, donde bebemos una cerveza y nos apresuramos de regreso a la ciudad, apuntando al camping antes de que se acabe el servicio de metros a la media noche (no sin antes pasar por el famosísimo distrito de luces rojas, muy bueno por cierto!).

Es en el trayecto en el ferry de regreso a Ámsterdam central que presenciamos un atardecer de lo más morado y psiquedélico, con aves volando tras de nosotros, una escena en extremo “cheesy”, como la definió Liucija, con unos contrastes a maquinarias de construcción en el fondo rojo, que me recuerdan metáforas de extracciones de combustibles fósiles.

Bueno, al final llegamos a tiempo de regreso al camping, un poco más de productos naturistas holandeses, un poco de plática con la Liucija y a domir, para darle al día siguiente…

la vista desde el departamento

A día siguiente no teníamos reservación para dormir, pero, siendo las cosas de positivas como son, la Liucija obuvo las llaves del departamento que le darán, así que tuvimos noche gratis, cama doble, sábanas, agua caliente y todo tipo de lujos, incluso té y copas de vino para una cena romántica. Un descanso y sireneo en departamento, para dejar pasar la lluvia y nos lanzamos a perdernos por la ciudad otra vez, visitando el barrio chino, y otras partes concurridas de la ciudad.

Regresamos a la guarida, nos alistamos para dormir 4 horas, ir al aeropuerto al día siguiente y regresar a la vida normal en Edimburgo…

La compañía
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